Cuando decidimos poner en marcha el corredor de especies autóctonas en la plazoleta del barrio, sabíamos que la primera semana iba a definir el ritmo de todo el proyecto. Lo que no esperábamos era la cantidad de decisiones pequeñas que terminan pesando más que el plano original.
El primer error fue confiar en el calendario de riego que habíamos armado en papel. Los primeros días de sol fuerte secaron la capa superficial mucho antes de lo previsto, y las especies más jóvenes empezaron a mostrar estrés en las puntas de las hojas. Aprendimos a leer la tierra: si al hundir dos dedos la humedad no llega a la segunda falange, hay que regar aunque el calendario diga otra cosa.
También ajustamos el horario. Pasamos del mediodía a las primeras horas de la mañana, cuando el agua se aprovecha mejor y las hojas no sufren quemaduras por el efecto lupa. Fue un cambio simple que redujo el consumo y mejoró la respuesta de los plantines.
Instalamos tres bancos de madera certificada y un cartel interpretativo con las especies del sendero. El cartel fue un acierto: los vecinos se detienen a leerlo y los chicos juegan a identificar las plantas por sus nombres comunes. Los bancos, en cambio, quedaron mal ubicados. El que pusimos bajo el algarrobo recibe sol de lleno a la tarde y nadie lo usa; el que está cerca del bebedero de aves es el favorito.
La lección es clara: el mobiliario urbano necesita observar el movimiento real de la gente antes de fijar su posición. Un banco a la sombra vale más que tres al sol.
El mantillo que pensábamos colocar el día tres quedó pendiente. No fue por falta de tiempo, sino porque al revisar el suelo descubrimos que algunas especies necesitan un sustrato más arenoso para drenar bien. Preferimos esperar y hacer la mezcla correcta antes que cubrir todo con el mismo material y arriesgar encharcamientos.
También decidimos postergar la instalación del cerco perimetral bajo. Los vecinos ya adoptaron el sendero como propio y el paso natural que se está formando marca mejor el recorrido que cualquier estructura. A veces la mejor intervención es la que acompaña lo que ya está pasando.