Cuando volvimos al Parque de los Alamos tres meses después de la primera recorrida, esperábamos encontrar los mismos senderos y la misma quietud. Lo que apareció fue un paisaje en movimiento: nuevas floraciones, sectores que habían cambiado de uso y un detalle que no habíamos registrado en la visita anterior.
En la revisión inicial, el foco estuvo puesto en la restauración del corredor central y en las especies que habían sido plantadas durante la intervención. Esa mirada dejó afuera lo que ocurre en los bordes: las áreas de transición entre el parque y la trama urbana, donde la vegetación convive con el tránsito peatonal y los desagües naturales.
Esta vez caminamos esos límites con calma. Encontramos que los canteros perimetrales, que en la primera visita parecían simplemente decorativos, cumplen una función concreta de contención del agua de lluvia. Las especies elegidas para esos sectores no son las mismas del centro: hay gramíneas tolerantes a la inundación temporal y arbustos de raíz profunda que estabilizan el suelo.
Lo que más nos llamó la atención no fue botánico sino social. En la primera visita, los bancos cercanos a la entrada principal estaban vacíos y el sector de juegos apenas tenía uso. Ahora, ese mismo espacio es el punto de encuentro de un grupo de vecinos que organiza recorridas guiadas los sábados por la mañana.
Conversamos con dos de ellos. Nos contaron que el parque cambió cuando se instaló el cartel con el mapa de especies autóctonas: la gente empezó a preguntar, a reconocer plantas que veía desde chica y a traer a sus hijos a nombrarlas. Ese simple recurso gráfico, que en la primera revisión pasamos por alto, terminó siendo la pieza que activó el uso comunitario del espacio.
Si tuvieramos que repetir el ejercicio, llevaríamos un registro más fino de las especies en floración y de los horarios de mayor uso del parque. También nos gustaría documentar el comportamiento de las aves en los sectores con vegetación densa, porque en esta ocasión confirmamos que hay al menos tres especies que no habíamos visto en la primera recorrida.
La revisión no cambió la valoración general del parque, pero sí nos dio una lectura más completa. La próxima salida de campo la vamos a planificar con esos datos en mano, y con la idea de que un parque urbano no se entiende del todo en una sola visita. Para seguir el hilo de estas recorridas, podés ver las notas de la sesión de planificación o el repaso de la primera semana de trabajo.